Muchas pausas a lo largo del día se pasan sentados, aunque el cuerpo agradecería un cambio después de un rato frente a la pantalla. Salir a dar una vuelta corta, aunque solo sean unos minutos, puede ser una manera sencilla de aprovechar esa pausa de otra forma. No hace falta más que decidirse a cruzar la puerta antes de que termine el tiempo libre.
Puede ayudar tener claro de antemano cuánto dura la pausa, para no preocuparse por llegar tarde a la siguiente tarea. Con una ruta corta y conocida, resulta fácil calcular el tiempo necesario sin necesidad de mirar el reloj constantemente. Esta pequeña planificación hace que salir a caminar sea mucho más sencillo.
Convertir la pausa en una costumbre
Una pausa se mantiene mejor cuando ocurre siempre a la misma hora del día. Con el tiempo, el cuerpo se acostumbra a ese ritmo, y salir se convierte en algo natural en lugar de una decisión que hay que tomar cada vez. Poner un recordatorio en el teléfono las primeras semanas puede ayudar hasta que la costumbre quede fijada.
Incluso una vuelta corta alrededor del edificio o hasta la esquina más cercana ofrece un cambio de aire después de estar sentado un buen rato. No hace falta recorrer mucha distancia para notar la diferencia. Se trata más de moverse y salir que de llegar a un lugar concreto.
En los días de mal tiempo, la vuelta puede acortarse o hacerse bajo algún porche cercano en lugar de quedarse completamente dentro. Lo importante es mantener la costumbre de levantarse y salir un momento, sea al aire libre o resguardado. Un compañero que quiera acompañar también puede hacer que la pausa resulte más agradable.
Con el tiempo, esta pequeña pausa se convierte en parte natural del día, igual que la pausa para el café. No requiere más planificación que fijarse en cuándo suele llegar ese momento libre y aprovechar unos minutos para salir. Así, el resto de la jornada empieza con algo más de energía, sin que el tiempo de trabajo se alargue.