Muchos recados cercanos se hacen en coche por costumbre, aunque la bicicleta permitiría cubrir la misma distancia sin apenas diferencia de tiempo. Contando el rato que se tarda en encontrar aparcamiento y caminar hasta la tienda, la diferencia con la bicicleta suele ser mínima. Elegir la bicicleta para estos recados cortos no supone, por tanto, tiempo adicional.
Tener la bicicleta a mano, en lugar de guardada detrás de otros objetos, facilita mucho la decisión de usarla. Con las ruedas bien infladas y la cadena en buen estado, resulta natural cogerla sin pensarlo demasiado. Esta pequeña preparación marca la diferencia entre un buen propósito y una costumbre real.
Hacer de la bicicleta la primera opción
Ayuda preguntarse, antes de coger las llaves del coche, si el trayecto no sería igual de sencillo en bicicleta. Para la mayoría de los recados cercanos, la respuesta suele ser que sí, sobre todo cuando la tienda está en un camino ya conocido. Esta breve reflexión suele bastar para decantarse por la bicicleta.
Una alforja o una cesta en la bicicleta permite llevar la mayoría de los recados diarios sin problema. Esta pequeña preparación evita descartar la bicicleta solo porque haya que traer algunas cosas. Con el tiempo, este gesto se convierte en algo casi automático.
Combinar varios recados pequeños en un mismo trayecto en bicicleta resulta más eficiente que hacer varios viajes en coche por separado. Planear una ruta que pase por dos o tres sitios ahorra tiempo y añade más movimiento a la jornada. Esto convierte la bicicleta en una opción práctica, no solo en una cuestión de principios.
Con el tiempo, coger la bicicleta para los recados cercanos se convierte en algo natural, sin necesidad de pensarlo cada vez. No requiere ningún equipo especial ni mucha organización, solo una bicicleta lista para usar y la costumbre de pensarla primero. Así, los recados diarios aportan un poco más de movimiento sin esfuerzo adicional.