Muchas llamadas se hacen sentado por costumbre, aunque podrían hacerse igual de bien de pie o caminando unos pasos por casa. En cuanto suena el teléfono, basta con levantarse y moverse un poco en lugar de quedarse en la silla. Esto no cambia en nada la conversación, pero añade un poco de movimiento a la jornada.
Esta opción funciona especialmente bien en llamadas largas que no requieren tomar notas en la pantalla, ya que las manos quedan libres para moverse con naturalidad. Un auricular o unos auriculares facilitan aún más este cambio, porque no hace falta sujetar el teléfono todo el tiempo. Así resulta más fácil mantener la conversación sin quedarse atado a un mismo sitio.
Convertirlo en una norma sencilla
Ayuda decidir de antemano qué tipo de llamadas se harán de pie, como las que no requieren consultar nada en la pantalla. Cuando esa decisión ya está tomada, no hace falta pensarlo cada vez que suena el teléfono. Con el tiempo, este gesto se convierte en algo automático.
Dar una vuelta por casa mientras se habla añade todavía más variedad, sin que haga falta ningún motivo especial para hacerlo. Algunos prefieren seguir siempre el mismo recorrido corto, mientras que otros simplemente se dejan llevar de una habitación a otra. Cualquiera de las dos opciones funciona, siempre que haya movimiento de por medio.
En los días con varias llamadas seguidas, levantarse también ayuda a no pasar toda la jornada en la misma posición. Esta costumbre no sustituye otras pausas, pero las complementa de forma sencilla. Así el movimiento se reparte a lo largo del día sin necesidad de reservar un momento aparte.
Con el tiempo, levantarse al hablar por teléfono se convierte en una reacción casi automática que ya no requiere pensarlo. No hace falta ningún equipo especial, solo la decisión de ponerse de pie la próxima vez que suene el teléfono. Así, una llamada cualquiera añade un poco más de movimiento a la jornada.